Archivo de la categoría: c: Diseño tipográfico

Notas sobre el diseño de fuentes

Coherencia formal entre tipos

La coherencia formal es la interacción de los elementos que integran una unidad. Esta interacción se manifiesta como concordancia y compatibilidad entre los elementos, contribuyendo a que puedan ser reconocidos como un sistema.

El conjunto de unidades tipográficas que conforman una familia se presentan como un ejemplo preciso de la relación entre elementos catamorfos. Las familias se encuentran conformadas por las diferentes letras del alfabeto más los números y signos, y sus respectivas variables. Cada uno de los elementos presenta formas particulares y diferentes, pero en todas existe cierta similitud de detalles formales relacionados con su apariencia, que permiten integrarlas en un todo, por lo que es posible apreciarlas formando parte de un conjunto coherente.

La relación entre elementos catamorfos, es aquélla que reúne componentes que, aunque no son congruentes entre si, poseen una ligazón o relación interfigural común, por lo tanto presentan veladamente, por medio de detalles formales y aspectos constructivos, un enlace que posibilita percibirlos como de un mismo sistema. Expresa Adrian Frutiger que “dentro de cada estilo, las letras adquieren por sí mismas un carácter conformador particular. Así, el grosor de los trazos, la amplitud de los espacios interiores o intermedios, el uso de serifas y transiciones, etc., son formalizados de modo coherente en una serie o conjunto de los 29 signos necesarios para la expresión de palabras y frases”.

En el diseño de una familia tipográfica se deben tener muy en cuenta reglas, principios y criterios, que permitan que los diferentes elementos (letras, números y signos) puedan relacionarse racionalmente entre sí, contribuyendo a un objetivo común.

La relación catamórfica se da entre los elementos formales de una composición, aunque es necesario además tener en cuenta otro tipo de relación, que es la que se genera a partir de la visualización e inteligibilidad del tipo. La forma precisa del elemento formal, es decir la apariencia del tipo, se hace visible a través del contraste que ejerce la relación forma y contraforma.

Una superficie lisa puede ser considerada como vacío o como área inactiva (por ejemplo: la superficie blanca del papel). Esta superficie resulta activada con la mera aparición de un punto. Esto convierte al vacío en contraforma, produciéndose un contraste entre la forma del punto y su contraforma, permitiendo de esa manera la visualización del mismo.

Es posible afirmar entonces, que desde una perspectiva física, una composición tipográfica clásica se encuentra conformada por sectores contrastados, generalmente homogéneos (blancos y negros), ubicados en forma contigua. Esta relación se desarrolla en un mismo plano, sin embargo no es posible visualizar o percibir ambas unidades formales a un mismo tiempo.

Perceptualmente es posible distinguir algunas zonas como figura o forma, dadas algunas condiciones sobre el tamaño relativo y sus clases de márgenes. En general tiende a visualizarse como formas las zonas pequeñas que aparecen rodeadas por áreas mayores, que toman, en esos casos, el papel de contraforma.

La forma y la contraforma interactúan profundamente, por lo que es imposible disociarlas. En las diferentes letras la contraforma penetra en la forma y viceversa, determinando la morfología externa o apariencia, definiendo de esa manera el estilo tipográfico.

La forma posee un carácter objetual, respecto de la contraforma, lo que le da un aspecto sólido y puntual, permitiendo que resalte y que comúnmente se le preste mayor atención.

En una composición tipográfica nos es posible unificar grupos de formas, a partir de los factores de organización unitaria del campo perceptivo, es decir, a partir de la proximidad, la semejanza, la continuidad de dirección, el cierre y la pregnancia. Ahora, si esas formas pertenecen a tipografías de una misma familia, entra en juego la coherencia formal entre tipos. Esta coherencia formal determinará que todas las unidades formales componentes del sistema cumplan con los mismos principios generadores, permitiendo al receptor entenderlas como una unidad global.

SePermiteElUsoSinFimesDeLucro_T&F

VolverAlMapa

Forma y función de la tipografía

El planteo de manipulación, como forma de acentuar la personalidad del tipo, tiene como base el reconocimiento de la morfología tipografía como elemento sustancial de uno de los códigos primordiales del diseño de comunicación.  Este trabajo se basa en la idea fundamental y primaria de la expresividad tipográfica, y los planteamientos para la manipulación de la morfología de la letra.

La tipografía tomada como elemento identitario básico, es una herramienta de fundamental importancia en la tarea profesional del diseñador gráfico y de comunicación. La relación entre la forma y la función de una fuente tipográfica debe ser el resultado de un profundo trabajo de análisis y un serio planteo conceptual, en el marco de un método proyectual. Uno de los objetivos de este trabajo es que cada uno consiga construir y fundamentar una metodología personal, que permita la manipulación de los elementos tipográficos de manera exitosa.

Toda tipografía expresa de por sí, por medio de su morfología externa, un mensaje particular. Podemos decir, por lo tanto que el tipo comunica a través de su apariencia.

Es común, en la práctica del diseño, que la carga semántica o el “mensaje” de una fuente tipográfica, concuerde en un gran porcentaje con lo que se pretende comunicar desde el proyecto. Sin embargo en muchas ocasiones esta compatibilidad comunicacional no se da con total franqueza. Ese puede ser el pretexto ideal para experimentar el trabajo de manipulación de la morfología del tipo, de manera conciente y proyectiva.

Esta manipulación de la morfología del alfabeto tipográfico se puede realizar con diferentes grados de intervención. Es posible manipular desde una letra, que otorgue al conjunto pertenencia y unicidad, hasta el diseño completo de una fuente tipográfica, como elemento identitario institucional.

Asimismo, existe una gran diferencia de planteo proyectual entre el diseño de tipografías decorativas o de rótulo y el diseño de tipografías de lectura.

fig. ___. Izq.: Tipografía de rótulo (OpenUpType/EGP.2005). Der.: Tipografía de lectura (Telteca/EGP.2009)

.

Para el desarrollo de una tipografía de lectura habrá que tener en cuenta, además del respeto por la estructura básica de la letra, una serie de requerimientos proyectivos, como por ejemplo, la aplicación concienzuda de las correcciones ópticas, una construcción vectorial sumamente precisa y una determinación de espaciados desarrollada con rigor. Requerimientos proyectivos que pueden ser dejados de lado en la construcción de una tipografía decorativa

Afrontar la creación de una fuente completa, de tipografía de lectura, implica una tarea por demás compleja ya que el número de signos a diseñar es realmente importante. Si se tiene en cuenta que un alfabeto latino se compone de unos 190 signos, que es necesario desarrollar las variaciones proyectivas de por lo menos tres variables y que es importante plantear además grupos de signos especiales, estamos hablando de por lo menos el diseño de 800 signos tipográficos. Si pretendemos desarrollar una fuente con el propósito de comercialización este número aumentará sustancialmente.

SePermiteElUsoSinFimesDeLucro_T&F

VolverAlMapa